Estaba frente al mar y tú frente a mí,
era dueño del sol y todo el horizonte,
salvo aquella parte que tu cuerpo me ocultaba.
Un día sin un adiós o hasta pronto,
te llevaste el mar, el horizonte y, solos,
mis sueños quedaron tendidos
al sol de los recuerdos.
Hoy vuelvo a sentarme frente al mar
no hay nada ni nadie frente a mí
otro es el sol, otro el horizonte,
tampoco yo soy el mismo.
Junto a la playa las gaviotas revolotean
sobre los botes de aquellos viejos pescadores
que nos entretenían con sus viejas historias de mar,
y la arena en la cual tantas veces dejaste la huella de tus pasos.
Me empeñé en seguir tus huellas,
me extravié entre tus aromas y sudores,
y me quedé con la sombra de tu cuerpo.
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