jueves, 10 de abril de 2008

El sol se sumerge entre destellos de oro y sangre
en este mar que ignora toda huella en la arena.

A este puerto, hermoso e imaginario,
vuelvo para encontrarme con tu mirada,
con tus labios que ya no beben en los míos,
y solo encuentro la arena que albergó
tus pasos y el desdeñoso mar azul.

Extrañaré las puestas de sol,
los besos que no te di, el viento que rozó tu piel
y que, inmisericorde, me trae tu perfume de mujer
y tu olor de hembra al filo del ocaso.

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